viernes, febrero 29, 2008

Doña Cuaresma



No hay plato más apropiado para estas fechas que el potaje de vigilia, caído en desgracia por prejuicios anticlericales (que quien suscribe comparte) que nada tienen que ver con la gastronomía.

Potaje de vigilia

Ingredientes para 4 personas
500 g de bacalao troceado (preferiblemente la parte del lomo)
500 g de garbanzos hervidos de la mejor calidad
1 manojo de espinacas o acelgas limpias y troceadas (puede utilizar las que venden envasadas)
2 cebollas medianas (finamente picadas)
3 dientes de ajo (finamente picados)
150 g de tomate triturado
2 hojas de laurel
Aceite de oliva virgen (4 cucharadas soperas)
Pimentón dulce (1 cucharada sopera)
Perejil fresco finamente picado (o seco en frasco)
Sal

Desale el bacalao, dejándolo en remojo durante como mínimo 24 horas, cambiándole el agua tres veces.

Desmíguelo.

Vierta 4 cucharadas soperas de aceite en una olla y poche la cebolla a fuego moderado.

Una vez esté dorada (al cabo de aproximadamente unos 10 minutos), añada el ajo (sofríalo ligeramante), el tomate triturado y las 2 hojas de laurel.

Transcurridos unos 5 minutos, agregue el pimentón, los garbanzos y cubra con agua (dos dedos por encima de las legumbres).

Suba ligeramente el fuego, lleve a ebullición y deje hervir durante un cuarto de hora.
Incorpore el bacalao y las espinacas.

Cueza los ingredientes 10 minutos.

Rectifique el punto de sal, retire las hojas de laurel y espolvoree el perejil sobre la preparación.

Sirva bien caliente acompañado de unas alcachofas al horno o a la brasa, o de alguna ensalada elaborada con hortalizas de primavera: endivias, apio, zanahoria, manzana, pechuga de pavo y nueces (aliñada con yogur, zumo de limón, aceite de oliva y eneldo); tomates cherry, tomate de ensalada, fresones, queso fresco y distintas lechugas (sazone con el vinagre que más le guste, orégano, hojas de albahaca o de menta, aceite de oliva y una pizca de salsa de soja).

Remójelo con un buen Penedés, un turbio gallego, un txakolí, un vinho verde o un rosado portugués.

Vinum bonum laetificat cor hominis.

8 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

Rica receta! lástima que el bacalao esté tan caro...Por cierto, para sus "prejuicios anticlericales" le recomiendo un peqeuño libro de reciente aparición: Confesión de Tolstoi.
Mis más cordiales saludos

10:33 p. m.  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Albariño, por favor ! ¿Dónde va con el estudiantil turbio?
La receta muy bien explicada, eso sí. Pero , dos observaciones , si me permite. Primera, lo del perejil de bote no tiene nombre, aparte de lo malo que es y lo mal que huele, porque el perejil fresco es , que yo sepa, lo único que se regala en el mercado. Y segunda, lo del tomate triturado, si es de bote tambien, no tiene color con rallar tomate, que no cuesta tanto.

10:46 p. m.  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Sigo. me alegra tambien que no incluya el huevo duro, que a veces ponen por estos mundos de Dios, valga la redundancia. En cambio, pueden añadirse algunas panses i pinyons.

10:49 p. m.  
Anonymous Anónimo ha dicho...

¿Vinho portugués??
Que tiene ¿pelo?

VINO ESPAÑOL, JODER!!!!!!!!!

8:23 a. m.  
Blogger Ivo von Menzel ha dicho...

Estimado y puntilloso com-pinche,

empecé a colgar recetas en el blog bajo el epígrafe Cocina de supermercado para mileuristas.

El recetario va dirigido a todas aquellas personas que no suelen poner los pies en una cocina y que jamás han pisado un mercado.
Podrá observar que todos los ingredientes se encuentran con facilidad en una pequeña o gran superficie, esa es la idea.
Recetas sencillas a precios módicos.

El perejil seco no tiene el aroma del fresco, pero previamente hidratado (en un bol con agua mineral) es una opción razonable para todo aquel que no quiera molestarse (o no disponga de tiempo)en pisar una frutería o una pescadería.

A falta de rallador (le soprendería ver lo poco equipadas que están la mayoría de las cocinas domésticas), la conserva (las hay decentes) resulta de mucha ayuda.
A veces incluso es mejor que echar mano de tomates madurados artificialmente en la cámara o con nitrógeno, totalmente insípidos y acartonados.

En lo que respecta al turbio gallego, se suele caer en el error de considerarlo un vino de ínfima calidad.
El auténtico turbio es un vino blanco que luce claro y transparente cuando está en reposo. Pero que, al agitarlo, se llena de unas partículas extrañas que aparecen en toda la botella.
El vino turbio es transparente desde el cuello de la botella hasta el culo.
Nada que ver con ese horrible mejunje que se vende en restaurantes y tiendas de productos gallegos como si fuera gallego y que, en su inmensa mayoría, se elabora en Tarragona.
Un abominable producto en cuya promoción y éxito de ventas, lamentablemente, tuvieron mucho que ver los propios restaurantes gallegos de Barcelona que, salvo honradas excepciones, miraron más por su propio beneficio (aún a costa del hígado de sus clientes) que por la defensa de los vinos gallegos de calidad.
Lo del huevo hervido jamás lo he podido soportar. Seca el plato y le da una consistencia pastosa a cada bocado.
Las pasas y piñones le sientan de maravilla, y si se le añade patata pasada por la sartén, un vaso de vino blanco y se le da un golpe de horno, tiene usted un maravilloso plato judío de pescado que casi me hizo llorar en un restaurante kosher de Roma.

Vino portugués, francés, italiano, suizo, alemán, moravo, griego, libanés, israelí, argentino, chileno, australiano, yanqui, sudafricano...
Menos el argelino y el albanés, todos harto recomendables.

Un abrazo,

Ivo

12:10 p. m.  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Relea, señor Von Menzel, el artículo de Xosé María Campos en Galiciagastronómica.com, de donde ha sacado usted su respuesta a mi crítica sobre el ABOMINABLE vino turbio y observará, si lo lee pausadamente , que no hay ninguna defensa - ni siquiera parcial -como la que usted interpreta. Yo utilizo como baremo para no comer en un restaurante nunca más la presencia en la carta del vino turbio, las patatas fritas congeladas, las perlas del guadalquivir como aceitunas negras, la lechuga iceberg y unas cuantas aberraciones más.
Una última posibilidad con el plato que usted propone es acompañarlo - en el mismo borde del plato - por un par de guindillas en aceite (que apenas pican) de buena marca (cuidado que las hay con buen aspecto y que son incomestibles). O bien, unas alcaparras muy picaditas por encima del plato en el último momento. Y un par de copas de cava brut bien frío tambien la mar de bien , oiga.

5:39 p. m.  
Blogger Ivo von Menzel ha dicho...

Abominables resultan también la zanahoria, col lombarda y remolacha ralladas de pésima calidad, así como las puntas de espárragos cutres, el atún en conserva chungo y el huevo pasado por agua negruzco para rematar las ensaladas.
Las verduras congeladas, los convoys surtidos con aceite de girasol (o de orujo) y vinagre decapante.
Las fritangas a base de napalm, las planchas sucias que dejan restos negruzcos en carnes, pescados y verduras; la cesta del pan surtida con cuatro rebanadas cortadas a láser de algo incomible, previamente descongelado salido de una panificadora, las cañas mal tiradas, los cubitos de hielo de dudosa procedencia y el café torrefacto.
Y un largo etc.
El pan de nuestro de cada día.
Pero es que en Barcelona se come tan bien...

6:55 p. m.  
Anonymous Anónimo ha dicho...

No hay "vino turbio gallego bueno" (NO EXISTE) y vino turbio malo.
El vino turbio es una chapuza increible a erradicar

11:47 p. m.  

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